El 80% de las empresas españolas todavía no ha terminado de construir la base sobre la que quieren montar su estrategia de inteligencia artificial. Apenas un 20% ha llegado al escalón más alto de madurez en la nube, aunque el país se sitúa seis puntos por delante de la media mundial.
El dato preocupa porque la nube se ha convertido en el terreno donde se juega buena parte del futuro de la IA en las empresas. Sin una infraestructura sólida detrás, cualquier proyecto de inteligencia artificial se construye sobre cimientos poco firmes.
Ahí aparece la contradicción: el 100% de las organizaciones reconoce que la IA les obliga a invertir más en la nube, pero el 90% admite que los presupuestos actuales no bastan para garantizar el éxito de sus propios proyectos tecnológicos. Se pide más a la nube justo cuando menos margen hay para dárselo.
Muchas compañías lanzan iniciativas de IA antes de levantar la infraestructura que debería sostenerlas: la diferencia real la marcan las organizaciones que transforman sus datos en conocimiento estructurado apoyándose en una nube bien construida; solo entonces la IA deja de ser una simple mejora de eficiencia y empieza a generar crecimiento de verdad.
¿Dónde se concentra el gasto? La seguridad sigue acaparando buena parte del presupuesto: es la segunda partida de inversión más importante para el 37% de las empresas españolas, justo detrás del gasto en infraestructura. Esto no significa que desconfíen de lo ya construido: un 39% de los directivos se siente muy seguro respecto a la protección de sus servicios actuales.
Crece también el interés por combinar nube pública, privada, híbrida y soberana en lugar de depender de un único modelo. La adopción de la nube soberana podría crecer un 41% en los próximos dos años, aunque un 58% teme que estos despliegues encarezcan sus costes.
A escala global, más de la mitad de las compañías reconoce dificultades para controlar el gasto en la nube, y se espera que el uso de plataformas totalmente gestionadas se triplique como respuesta, en un contexto de inversión limitada y sistemas cada vez más complejos.
Hay acuerdo casi unánime en el papel de la nube como motor de innovación: el 57% de las empresas españolas culpa directamente a sus aplicaciones y datos heredados de frenar ese potencial.
El mensaje de fondo es que la estrategia de nube y la de inteligencia artificial ya no pueden diseñarse por separado. Entre las principales preocupaciones de los directivos españoles sobre la adopción de la IA agéntica están la falta de control sobre sus servicios en la nube y los riesgos de gobernanza y seguridad que eso implica.
Sin una nube madura y pensada de la mano de la IA, será difícil que las empresas españolas compitan en igualdad de condiciones en la nueva economía digital.



